¿Porqué el miedo influye tanto en el parto?

Parto sin miedo barcelona

Hace más de cien años un ginecólogo británico nombrado Dr Grantly Dick Read ‘descubrió’ un fenómeno bien conocido desde hace milenios por mujeres y comadronas por todo el mundo. El miedo en el parto es causa directa de dolor y sufrimiento. Después de entender el parto desde esta perspectiva, el doctor Dick Read se enfocó en ayudar a las mujeres a desbloquear los miedos que tenían alrededor del parto y a enseñarles técnicas de relajación. Con esta preparación encontró que la mayoría de mujeres podían dar a luz de manera natural y sin necesidad de analgésicos. Dick Read nombró el círculo vicioso del miedo en el parto como el ‘Fear-Tension-Pain cycle’, o sea el ‘ciclo de Miedo-Tensión-Dolor’

Otro gran ginecólogo, Dr Michel Odent, empezó a interesarse por el tema de miedo en los años 50 cuando se dio cuenta de que cuando llegaban las mujeres parturientas a su hospital el impacto de ver los médicos y la sala de parto estéril con la silla y los instrumentos, generaba un miedo tan grande que cesaban o ralentizaban las contracciones.

Las hormonas en el parto

Pero por qué el miedo tiene tanta influencia en nuestra experiencia de dar a luz? Todo vuelve a las hormonas y nuestros instintos como mamíferas. Imagina una gata salvaje que da a luz en un lugarcito apartado y escondido. Como todas las hembras cuando están de parto ella segrega oxitocina, la hormona que hace fluir el parto (y además proporciona una gran sensación de bienestar). Con esta hormona fluyendo por el cuerpo, los músculos verticales del útero se expanden hacia abajo en una acción como una ola y, al subir, los músculos circulares del cuello del útero ceden y se va abriendo el cuello del útero. Esta ola es lo que conocemos como la contracción y el abrir del cuello del útero es la dilatación.

Cómo esta gata está relajada y sin miedos o ansiedades esta acción fluye sin causar sufrimiento. Sentirá sin duda una presión muy fuerte, pero como ella está relajada y no la vive como amenaza no sufre. Imagina ahora que se acerca un depredador. La gata lo escucha y de repente se llena de adrenalina. Su sistema ya no está para parir, está para asegurar su supervivencia y la de su bebé. Entra en un estado de ‘luchar o huir’. La sangre se dirige hacia los músculos grandes (los necesarios para correr o luchar), respira de forma rápida, el corazón late más rápido. Deja de producir oxitocina porque no podemos producir oxitocina y adrenalina al mismo tiempo. Efectivamente la gata detiene su propio parto hasta que se vaya el depredador o hasta que encuentre un lugar más seguro. Entonces, se relaja, vuelve la oxitocina y puede dar a luz de manera segura y tranquila. ¡Es un mecanismo evolutivo maravilloso!

Pero, en el caso de los seres humanos, no hace falta que nos persigue un león para llenarnos de adrenalina. A diferencia de esa gata, no tenemos que estar realmente bajo amenaza para sentir tensión y miedo. Nosotros somos capaces de reaccionar con adrenalina simplemente a nuestros pensamientos y ansiedades. Solo con recordar un momento difícil o pensar en alguna situación futura nuestro cuerpo responde con un chute de adrenalina y notamos el corazón que late fuerte, “mariposas en el estómago” o tensión en el cuerpo.

Y, el problema con el parto es que, por lo general, llegamos al momento con mucho miedo. Desde pequeñas nos meten la idea de un dolor insoportable. Las amigas y familiares nos cuentan sus historias, muchas veces de sufrimiento. No es ninguna sorpresa que la mayoría de mujeres den a luz tensas y, sin darse cuentas, segregando adrenalina en lugar de oxitocina. Acabamos resistiendo a nuestros propios partos.

3 maneras de evitar la adrenalina

Qué podemos hacer? Para no caer en el mecanismo de la adrenalina, es imprescindible llegar al parto sin miedo y sabiendo relajar el cuerpo para mantener el flujo de oxitocina. Estas son los puntos que nos conviene seguir:

  • Realizar un trabajo interior para descubrir cuáles son nuestros miedos y empezar a construir un relato mental más positivo del parto.
  • Crear confianza en las habilidades innatas de nuestro propio cuerpo y dejar de dudar si somos capaces de dar a luz.
  • Aprender a relajarnos profundamente, creando un recurso que podamos usar durante el parto.